20040813

Leyendo a Dalí

El tipo le dice: Si le prohibieran usar sus bigotes, ¿usted sufriría?
Dalí: De ninguna manera, pues Dalí adora la inquisición, mas que todo en el mundo, incluso contra Dalí, sobre todo contra Dalí. Lo que me molesta mas aca abajo es la libertad. He descubierto muy joven que cedía a la ansiedad mas completa cuando tenía posibilidad de elegir. No sabía si tenía que escribir un poema o pintar un cuadro, o que tipo de cuadro. No sabía si tenía que ir al cine o a otra parte. Era a la vez extraordinario y terrible. De repente el General Primo de Rivera me puso en prisión a causa de mis actividades políticas, en realidad a causa de los sentimientos de mi padre. En mi celda aprendí a disfrutar de la vida de una manera excepcional. Allí al menos no era cuestión de elegir el cine favorito ni ninguna otra cosa. Estaba obligado a encogerme en mi propia suerte. recuerdo que me llevaban sardinitas en latas de concerva, yo las saboreaba con un placer sublime, un poco mas de aceite, un poco mas de pan, siempre las mismas sardinas que hubiera rechazado si no hubiera estado en prision. La inquisición fuerza siempre a los seres que tienen una estructura moral muy fuerte a sacar el máximo de sus sensaciones, de sus ideas. La inquisición es un beneficio indiscutible. Hubo un tiempo en el que se prohibía a los pintores representar el sexo. Resultó que los pintores, ante esta prohibición, han disimulado, bajo forma de ornamentos en toda la tela, sexos que invadían todo el resto. Un personaje jesuítico como yo se ensanchaba frente a las medidas inquisitoriales: es necesario no abandonarse a actividades fáciles, y se coloca a si mismo en el laberinto más benéfico que sea.

...y te preguntaron si querías mucho tus bigotes...